Jeff Bezos, menos periodismo y más entretenimiento
El desmantelamiento de The Washington Post frente a la multimillonaria apuesta de Amazon por el contenido «blindado» y la diplomacia corporativa.
La narrativa del «magnate salvador» del periodismo ha muerto definitivamente en enero de 2026. Lo que hace una década se presentó como un compromiso filantrópico con la democracia, hoy se revela como una pieza sacrificable en un tablero de ajedrez mucho más grande. El contraste es, cuando menos, paradójico: mientras la redacción de The Washington Post lucha por su supervivencia, el ecosistema de Jeff Bezos riega con millones de dólares proyectos que huelen más a diplomacia política que a arte o información.
La agonía del Post: Una redacción en pie de guerra
La tensión en el edificio de la calle K ha llegado a un punto de ruptura. El equipo de la Casa Blanca del Post ha tomado una medida desesperada: escribir directamente a Bezos para frenar un recorte masivo que amenaza con eliminar hasta 100 puestos de trabajo.
- El desmantelamiento: Los recortes no son quirúrgicos, sino estructurales. Afectan a las secciones de Deportes, Local e Internacional. La estrategia del editor Will Lewis parece ser convertir el diario en un boletín de nicho político, ignorando que, según datos internos, más de la mitad de los nuevos suscriptores llegan precisamente a través de esas historias de investigación internacional y cobertura local que ahora se consideran «prescindibles».
- La crisis de fe: Los periodistas ya no confían en sus líderes. Tras la polémica decisión de no respaldar a Kamala Harris en 2024 y el giro hacia una sección de Opinión más «alineada con Trump» en 2025 (que costó cientos de miles de suscriptores), el equipo siente que Bezos y Lewis han «conducido el periódico hacia una zanja» y ahora pretenden que sea la plantilla quien pague la factura.
El «Efecto Melania»: ¿Contenido o soborno corporativo?
Mientras el Post recorta para ahorrar unos pocos millones, Amazon MGM Studios ha decidido tirar la casa por la ventana con el documental Melania. Las cifras son mareantes y desafían cualquier lógica de mercado:
- El sobreprecio: Amazon pagó 40 millones de dólares por los derechos (26 millones más que la siguiente oferta de Disney).
- Marketing de blockbuster: Se han invertido 35 millones adicionales en promoción, incluyendo anuncios en los playoffs de la NFL. Para ponerlo en perspectiva: el aclamado documental RBG tuvo un presupuesto de marketing de solo 3 millones.
- Sin integridad periodística: Melania Trump tuvo control editorial total sobre la cinta, dirigida por Brett Ratner.
Para analistas y ex-ejecutivos de Amazon, el mensaje es nítido: no se busca rentabilidad cinematográfica, se busca comprar influencia. En un contexto de hostilidad regulatoria y política, gastar 75 millones en una hagiografía de la Primera Dama es una inversión en «paz corporativa», no en cultura.
El diagnóstico ya no es solo una crisis de modelo de negocio. Estamos ante un problema de incentivos: para los nuevos barones de la tecnología, es mucho más rentable financiar un documental complaciente de 75 millones que mantener una redacción incómoda que fiscalice al poder.
La mirada global del negocio de Bezos
En el caso del Post, la crisis no puede desligarse del ecosistema más amplio de su propietario. La expansión de Amazon en ámbitos como Prime Video y el desarrollo de WP Intelligence revelan un desplazamiento claro de prioridades.
Prime Video concentra escala, atención global y bajo conflicto político; WP Intelligence traduce el prestigio periodístico en productos de datos y análisis orientados a clientes institucionales. Ninguno de estos movimientos implica censura directa, pero sí una reconfiguración del valor del Post dentro del conjunto: menos como actor democrático incómodo y más como activo lateral en una arquitectura dominada por plataformas, entretenimiento y servicios de alto retorno y bajo riesgo.
El espejo de los Ellison: Ambición y exposición
En paralelo, el caso de Larry y David Ellison ilustra el problema desde el ángulo opuesto. Su creciente imperio mediático, que incluye CBS News y Paramount, no sufre por falta de ambición, sino por exceso de exposición.
La expansión se produce en un ecosistema marcado por el declive de la televisión lineal y la presión política constante. Las controversias editoriales y los movimientos tácticos para evitar conflictos con el poder revelan una tensión clásica: cuando el periodismo forma parte de un conglomerado sobredimensionado, su independencia compite directamente con la estabilidad del negocio.
Lecciones de una era de «Erosión Silenciosa»
Ambos casos permiten extraer conclusiones estructurales sobre el estado actual del periodismo de referencia:
- La misión es negociable: Si el propietario no tiene en el periodismo su negocio principal, la función democrática del medio pasa a ser moneda de cambio en transacciones de mayor escala.
- La censura es presupuestaria: No hace falta prohibir temas; basta con vaciar las redacciones y redefinir los niveles de riesgo para moldear el resultado editorial.
- El periodismo incómodo es el primero en caer: La investigación y la cobertura internacional se perciben como un «coste» innecesario en un mercado que premia la prudencia y el entretenimiento de alto perfil.
- Gobernanza de autor: Como ocurre con X (Elon Musk) o Los Angeles Times (Patrick Soon-Shiong), la función informativa queda subordinada a la agenda personal del propietario o a la presión del endeudamiento corporativo.
