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Entrevistas

Gerardo Albarrán: “Para hacer periodismo no se pide permiso”

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Soy periodista, miembro del consejo directivo de la Organization of News Ombudsmen y he sido el primer Defensor de la Audiencia de un medio electrónico comercial en México. Soy director de Saladeprensa.org. He sido miembro también del consejo editorial de la edición mexicana de Le Monde Diplomatique, del Committee to Protect Journalists. Como autor, he publicado los libros: Croniques de la Gouvernance 2007, (Institut de recherche et débat sur la gouvernance, Paris, 2007); Explorando el ciberperiodismo iberoamericano (ITESM-CEM/CECSA, Grupo Patria Editorial, 2002); Internet, el medio inteligente (ITESM-CEM/CECSA, Grupo Patria Editorial, 2000); Los presidentes en su tinta (Ediciones Proceso, 1998); Crónica de una campaña (Plaza & Janés, 1997); Hasta siempre, Heberto (Centro de Estudios de la Revolución Democrática, 1997) y La muerte del cardenal (Planeta, 1994).

México es uno de los países más peligrosos del mundo para los periodistas, según Reporteros Sin Fronteras. Se ubica en el lugar 152, entre 180 países, en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. Más de 89 periodistas y 17 desaparecidos desde el año 2000. ¿México vive un clima de impunidad hacia la prensa?
México es un país en guerra en la que no existen bandos reconocidos a los que se les pueda exigir someterse a las formas convencionales de pelear. El número de periodistas asesinados y desaparecidos en los últimos ocho años es incluso mayor al que registran organizaciones internacionales como Freedom House, Reporteros Sin Fronteras, el Comité para la Protección de los Periodistas y Artículo 19. Existe un subregistro de casos no denunciados –llamado “cifra negra”– que dispara las cifras reales de ataques a periodistas y medios a niveles inimaginables. La impunidad es uno de los factores que alimenta a la propia violencia, la cual, a su vez impone límites al ejercicio de la libertad de expresión. Baste con señalar que durante los últimos tres años, la organización Freedom House ha clasificado a México como un país sin libertad de expresión.

Es la serpiente que se muerde la cola, porque la ineficacia del Estado mexicano para investigar y sancionar los crímenes contra la prensa es una forma de impunidad institucionalizada que atenta contra el propio Estado, que parece haber olvidado que la libertad de expresión es una condición fundamental para la existencia misma de un Estado democrático de derecho. La impunidad en Mexico no es un fenomeno nuevo, aunque ahora alcanza ya niveles sin precedente y amenaza con erosionar la viabilidad misma del pais.

“La impunidad es uno de los factores que alimenta a la propia violencia, la cual, a su vez impone límites al ejercicio de la libertad de expresión”

Los niveles de descomposición de la sociedad mexicana –que no reacciona ante el asesinato de periodistas porque simplemente no espera ninguna acción de gobierno que lo castigue– son consecuencia de la prostitución de la clase política y de estructuras de gobierno históricamente corrompidas. Los vacíos de poder generados por la fallida alternancia en la Presidencia de la Republica ente el PRI y el PAN, y con la izquierda incluida en los gobiernos estatales y municipales, han sido ocupados por estructuras criminales que, ante la debilidad del Estado y la incapacidad de la clase gobernante, se erigen como un meta poder que hoy día somete y, en algunos casos, hasta controla la vida de millones de mexicanos en miles de comunidades, pueblos y ciudades, en gran parte del país.

Junto con la población, que permanece desinformada e inerme ante la violación de derechos humanos por todo el país, la prensa mexicana ha quedado atrapada en medio de una realidad para la cual tampoco estaba preparada. La mayor parte de los medios carece de recursos profesionales para hacer frente a la presión e incluso la censura impuesta por el crimen organizado.

¿De dónde provienen las principales amenazas?
Los registros señalan que el principal agresor de la prensa son las policías municipales, estatales y la federal, pero también el Ejercito y la Marina Armada de México que desde finales de 2006 han sido desplegados por todo el territorio nacional para realizar labores de combate al crimen organizado e incluso ha desplazado a las fuerzas policiales en decenas de municipios. Junto con ellos, los principales responsables de las agresiones son directamente funcionarios públicos y de funcionarios electos. Entre todos acumulan casi el 60% de las agresiones, tan sólo el año pasado. Sin embargo, hasta ahora al menos 75% de los asesinatos de periodistas son atribuidos exclusivamente al crimen organizado.

¿Hay que hacer un capítulo aparte con lo que sucede en Ciudad Juárez?
Ciudad Juárez es uno de los lugares más peligrosos para ejercer el periodismo profesional en México, pero estados como Tamaulipas y Veracruz tienen un peor clima para la libertad de expresión y entre ambas concentran la mayor cantidad de asesinatos de periodistas en todo el país. En realidad, son pocos los lugares del país que no están todavía tan afectados por este fenómeno.

¿El Gobierno contribuye a incrementar la inseguridad periodística?
Por supuesto. Como ya he señalado, lo hace no sólo por su incapacidad para investigar y sancionar los crímenes contra la prensa (hay una impunidad superior al 90% de los casos), sino porque es el principal agresor, de acuerdo con los reportes de organizaciones nacionales e internacionales.

En 2006 se creó la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos contra la Libertad de Expresión. ¿Cuáles son los resultados?
Prácticamente nulos. Ni la fiscalía ni el mecanismo de protección de periodistas y defensores de derechos humanos creado recientemente se han significado por su eficacia, en parte porque carecen de recursos humanos, financieros y materiales para cumplir cabalmente con su función, como consecuencia de la falta de voluntad política y compromiso gubernamental con el tema de derechos humanos, en general, y de libertad de expresión, en particular. Por ello la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha señalado el incumplimiento de sus funciones como un elemento más que contribuye a la impunidad y al agravamiento del clima de violencia que debe enfrentar la prensa mexicana.

¿El estado mexicano garantiza la seguridad de sus ciudadanos?
Hay quien sostiene que México es un Estado fallido, entre otras razones porque no garantiza la seguridad de sus ciudadanos. Más de 30.000 desaparecidos y más 100.000 muertos en menos de ocho años dan sustento a esta hipótesis. Que en México hayan muerto en ese mismo periodo más periodistas que todos los corresponsales que murieron en la Segunda Guerra Mundial y en las guerras de Corea y Vietnam juntas refuerzan esta percepción.

“Hay quien sostiene que México es un Estado fallido, entre otras razones porque no garantiza la seguridad de sus ciudadanos”

¿Qué papel tienen la audiencia en este complicado panorama mediático mexicano?
La sociedad no puede desestimar el asesinato de un periodista ni ningún otro ataque que coarte la libertad de expresión. Cada vez que un periodista muere a manos de alguien que no quiere que algo se sepa, se mata a una parte de la ciudadanía. El silencio impuesto a la prensa es una mordaza para toda la sociedad.

Como News Ombudsman de radio privada, ¿qué papel debes tener respecto a los oyentes?
La función básica de un defensor del lector, del radioescucha o del televidente (y hoy día, también del usuario de internet) es velar porque el medio no violente el derecho a la información de la sociedad. En un contexto como el mexicano, eleva los estándares deontológicos de los periodistas y de los medios, y contribuye a establecer a la ética periodística como el primer mecanismo de autoprotección de los periodistas. Al hacer eso, un ombudsman de los medios hace su parte en la construcción de ciudadanía.

Albarrán en una reciente protesta contra las agresiones a periodistas mexicanos

Albarrán en una reciente protesta contra las agresiones a periodistas mexicanos

Más allá de la situación, se hace buen periodismo en México. ¿Qué proyectos destacarías especialmente?
En México, como en el resto de Latinoamérica, se hace un gran periodismo, a veces al costo más elevado posible. No me atrevo a señalar a algunos de los mejores que conozco porque pecaría de injusto. Hay enormes proyectos, importantes, vitales para la sociedad mexicana, por todo el país. Además, el acceso a internet ha abierto nuevos canales de distribución de información periodística que se suman a esfuerzos muy profesionales y valerosos de decenas de periódicos y revistas, así como de algunos cuantos noticieros de radio y, en mucho menos medida, de televisión en el interior del país.

He tenido oportunidad de recorrer ampliamente dos de los más conflictivos estados del país, actualmente: Tamaulipas y Michoacán, y he constatado el gran riesgo que corren mis colegas ahí. Las historias que he conocido sobre las condiciones en que se hace periodismo son estrujantes, desgarradoras algunas. Conozco personalmente a una docena de periodistas de al menos cuatro estados que han tenido que huir de sus ciudades de residencia para refugiarse en otras partes del país e incluso en el extranjero.

La influencia respecto a Estados Unidos es muy grande. ¿Qué deberíamos aprender del periodismo estadounidense?
En el caso mexicano es una influencia natural y mutua. Compartimos 3 mil 326 kilómetros de frontera. Destaco la profesionalización que se dio a partir de la segunda mitad del siglo XX y el consecuente desarrollo deontológico. Y las ganas de hacer periodismo, aun a pesar de ellos mismos, de su propia historia.

¿Se puede hablar de un boom del periodismo en Latinoamérica?
Más que un boom, lo que hay es una mayor visibilidad de lo que hacemos los periodistas latinoamericanos. En México, en Argentina, en Colombia, en Perú, en Brasil, por ejemplo, existe un gran periodismo desde el siglo XIX. Me preguntabas por la influencia de Estados Unidos… Déjame decirte: antes que se hablara allá del “nuevo periodismo” de Tom Wolfe o Gay Talese, acá había algunos reporteros que hoy son incluso más conocidos que aquellos célebres colegas estadunidenses, como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Lo mismo puedo decirte del otro gran género, el periodismo de investigación: mientras Bob Woodward y Carl Bernstein hacían la cobertura del caso Watergate (¿sería tan conocido sin la película?), dos periodistas cimbraban las estructuras corruptas en sus respectivos países: Manuel Buendía, en México, y Rodolfo Walsh, en Argentina, ambos asesinados como consecuencia de su ejercicio profesional del periodismo.

“Más que un boom, lo que hay es una mayor visibilidad de lo que hacemos los periodistas latinoamericanos”

Con ellos hay cientos de periodistas latinoamericanos contando grandes historias desde hace décadas, y arriesgando y a veces perdiendo la vida por ello. Yo no hablaría de un boom del periodismo latinoamericano, diría que el resto del mundo recién se entera de que acá se hace un gran periodismo.
Y por último, tienes una amplia experiencia docente. ¿Qué deberíamos saber los estudiantes que quieran ser periodistas?
Que para hacer periodismo no se pide permiso…

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Miquel Pellicer

Periodista y antropólogo. Nacido el año en que murió Elvis. Educado en los medios de comunicación locales, es autor del blog MiquelPellicer.com. Actualmente, director de Innovación de Interprofit. Anteriormente, director de Estrategia y Comunicación en Grupo Lavinia. Otras palabras clave de su currículum: FC Barcelona, Mundo Deportivo, Ayuntamiento de Barcelona, Enderrock, Transversal Web. Galardonado en los Premios Blocs Catalunya 2010 y miembro fundador del BCN MediaLab. Autor del libro Optimismo para periodistas.

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5 Comentarios

  1. MARZHA NAVARRO 26 junio, 2014

    Excelente, entrevista con el periodista mexicano GERARDO ALBARRAN yo digo que todo es culpa de los Estados Unidos de América, porque ellos están haciendo una política interna monetaria muy dura – revolucionaria – y en un eventual mínimo impase, detalladamente previsto y estudiados en planes a, b. c .d, e, f y etc – necesitan a México, – Venezuela, Brasil, Colombia, Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, Ecuador, bien desestabilizados e inseguros, para evitar el peligro de una verdadera rebelión regional – (verdadera porque hasta ahora las existentes son falsas, promovidas y patrocinadas por ellos mismos)

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    1. Miquel Pellicer 26 junio, 2014

      Hola, gracias por tu contribución.

      Responder

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